Hay experiencias que dejan huellas profundas en el corazón. Así vivieron decenas de jóvenes la reciente Jornada de Oración y Servicio realizada en el Cottolengo Femenino de Montevideo, Uruguay, de Hermanas de Don Orione, un espacio donde la fe se hace concreta en gestos sencillos, miradas que abrazan y manos que sostienen.
Entre los participantes de esta jornada estuvo Cecilia, quien compartió un conmovedor testimonio sobre lo vivido durante esos días de encuentro, servicio y fraternidad.
“Estuve esperando este fin de semana todo el año porque sabía que visitar el Cottolengo iba a ser maravilloso”, expresó. Y agregó que fue allí donde comprendió plenamente una frase de San Luis Orione que las hermanas suelen recordar: “¿Quién puede ser más feliz que nosotros?”.
Para Cecilia, el Cottolengo es un lugar donde el amor se manifiesta de manera cotidiana y concreta. Desde acompañar a una joven durante una comida hasta acercar una silla de ruedas a la capilla, cada gesto de servicio revela una entrega silenciosa que transforma tanto a quien recibe como a quien sirve.
“Todo acto de servicio se ve insignificante en comparación con la gracia que recibimos al poder entregar nuestro tiempo y nuestro cansancio a este servicio”, compartió.
Durante la jornada hubo momentos que quedaron grabados en la memoria de todos. Antes de despedirse, mientras compartían un baile en el patio, una de las residentes pidió detener la música para agradecer la visita. Más tarde, otra joven, emocionada al sostener una reliquia de Santa Faustina, dedicó su oración a quienes habían llegado a compartir ese fin de semana.
“Ella pidió por nosotras. Habiendo tanto que puede necesitar, eligió rezar por nosotras”, recuerda Cecilia con emoción.
Su testimonio resume la esencia de esta experiencia: un lugar donde cada persona encuentra a Cristo en el rostro del otro y donde la entrega mutua construye una verdadera comunidad.
“Eso es el Cottolengo, y eso es lo que van a encontrar si se animan a acercarse: un lugar en el que todos, todos, todos, se dejan la vida por los demás, a su manera.”
Una vez más, la Jornada de Oración y Servicio se convirtió en una invitación a descubrir que el amor auténtico no se agota cuando se comparte, sino que se multiplica.
¡Ave María y Adelante!






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