Con el lema “50 años dejando huellas en Paraguay”, la Familia Orionita vivió un significativo encuentro en la ciudad de Itá, reuniendo a representantes de comunidades de Paraguay y Argentina para celebrar la riqueza del carisma de San Luis Orione, fortalecer los lazos de fraternidad y renovar el compromiso de servir a los más necesitados.
La convocatoria congregó a miembros de distintas obras y comunidades. Desde Argentina participaron representantes del Hogar Don Orione de Bahía Blanca, Hogar Santa Rosa de Tigre, Pequeño Cottolengo de Claypole, Los Polvorines, San Francisco (Córdoba), Roque Sáenz Peña, Barranqueras e Itatí. También estuvieron presentes delegaciones de las comunidades de Paraguay, del Pequeño Cottolengo y de la parroquia Sagrada Familia de Mariano Roque Alonso, junto con Amigos de Don Orione de San Juan Bautista, Lambaré y Ñeembucú Sur.
Fueron días intensos de espiritualidad, oración, formación y convivencia, vividos en un clima de alegría y profunda comunión. A través de dinámicas, testimonios, trabajos grupales y momentos de celebración, los participantes compartieron experiencias y talentos que fortalecieron el sentido de pertenencia a la gran familia fundada por San Luis Orione.
Uno de los momentos más significativos fue la celebración de la Santa Misa presidida por el Nuncio Apostólico en Paraguay, Mons. Vincenzo Turturro, quien además se encontraba celebrando sus 23 años de ordenación sacerdotal. Tras la Eucaristía, compartió fraternalmente el almuerzo con los participantes, generando un espacio cercano de diálogo y encuentro.
El evento también permitió hacer memoria agradecida de los cincuenta años de presencia y servicio orionita en Paraguay, reconociendo el camino recorrido por religiosos, religiosas, laicos y voluntarios que, generación tras generación, han mantenido vivo el sueño de Don Orione de llevar el amor de Cristo a los más pobres y vulnerables.
Desde las Hermanas de Don Orione en Paraguay, la valoración de la experiencia fue profundamente positiva. Los días compartidos superaron las expectativas de los participantes y dejaron en cada corazón el deseo de seguir construyendo comunidad, fortaleciendo la fe y haciendo presente el carisma de la caridad allí donde más se necesita.
Fue un tiempo de gracia marcado por la fraternidad y la alegría de sentirse parte de una misma familia que continúa dejando huellas de amor y servicio en la tierra paraguaya.








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