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Me enriquecí mucho más de lo que pude dar

Stella Maris Alvarado trabaja como kinesióloga en la Casa Provincial de las Hermanas de Don Orione, en Floresta. En enero de este año, realizó una experiencia de voluntariado en la comunidad que las religiosas orionitas tienen en Costa de Marfil.

Stella Maris Alvarado trabaja desde 2007 como kinesióloga en la Casa Provincial de las Hermanas de Don Orione. Su trabajo consiste en darles ejercicios y gimnasia a las hermanas mayores del cenáculo para preservar su salud física. Oriunda de Mar del Plata, durante su niñez y adolescencia, asistió asiduamente a la parroquia San Carlos Borromeo, y desde los 13 años trabajó en grupos juveniles diocesanos,  realizando labores en conjunto con el Patronato de la Infancia.

En enero de este año, pudo realizar junto a una amiga un proyecto que tenía pendiente desde hace tiempo: visitar la comunidad que las Hermanas tienen en Costa de Marfil, África, colaborar y servir a los más necesitados. Su experiencia le hizo ver el mundo de forma “diferente” y resaltar la importancia de ser todavía más solidario.

¿Cómo surgió la idea de vivir un mes de voluntariado en África?

Yo trabajé en Floresta con la hermana Silvina Babot, que era la Ecónoma Provincial en ese tiempo. Ella me pidió armar un grupo para sesión de kinesio grupal. Me gustaba como trabajaba ella, se dedicaba mucho al paciente y tenía buenas ideas. A mí siempre me interesó la idea del voluntariado, uno siempre fantasea con África, allá hay mucha necesidad, más que quizás en otros lugares que uno conoce. Cuando trasladan a la Hna. Silvina a África, ella me pidió que la visite y  le respondí que me interesaba mucho ir.

Misión a ÁfricaDespués de algunos años finalmente en enero pudo viajar a África, ¿Qué sintió al llegar?

Fue un shock de entrada. Llegamos de noche, salimos del aeropuerto de Abiyán, en una zona muy oscura, donde había mucha gente en la calle, muy pobre. Fue bastante fuerte. Al día siguiente siguió siendo igual porque la zona donde estábamos era muy carenciada. Las Hermanas tienen un lugar bien preparado, pero alrededor hay mucha precariedad: ves a la gente haciendo sus necesidades en la calle, hay mucha pobreza y superpoblación, no hay un sistema de recolección de residuos por lo que hay montañas de basura en la calle y la gente convive con esos desperdicios.

“Hay mucha precariedad: ves a la gente haciendo sus necesidades en la calle, hay mucha pobreza y superpoblación”

¿Y cómo son las instalaciones de las Hermanas en Ányama?

Hay una casita que está al lado del hospital. En un sector está la casa de las hermanas, y el comedor donde almorzábamos y cenábamos, y una capillita. En el medio está la casa para los voluntarios, salones donde dan clases de computación, corte y confección y peluquería y lugar de venta de cosas que producen.

Realizaste el voluntariado en el Hospital de esa ciudad de Costa de Marfil, ¿Con qué servicios cuenta?

El hospital principalmente se enfoca en brindar servicios de ginecología y obstetricia, pero además tiene médico general, oftalmología, dermatología y laboratorio. Se atiende sobre todo a la gente de la zona que no tiene posibilidad de acceder a los otros hospitales. El centro médico no tiene servicio de kinesiología, por lo que no contábamos con aparatología, trabajábamos en forma manual haciendo kinesioterapia.

¿Cómo fue el servicio que brindaron durante el voluntariado?Kinesiología Voluntaria África

Llegaba el paciente y le preguntábamos qué le pasaba, qué le dolía, de acuerdo a lo que entendíamos después lo atendíamos. El tema con los pacientes es que muchos ni siquiera hablaban francés [lengua oficial de Costa de Marfil], sino dialectos de tribus locales que no conocíamos.

Atendimos paralíticos cerebrales, personas que tuvieron Accidentes Cerebro-Vasculares, muchas hemiplejías, gente que tenía problemas de rodillas, caderas, columnas, esguince de tobillo, problemas de hombros, algunos venían con derivación médica, otros no, en cuyo caso evaluábamos nosotras los ejercicios que tenía que hacer.

¿Tenian las herramientas para realizar su trabajo?

Tratamos de conseguir elementos básicos, un par de bastones, cuñas, círculos, goma eva, elásticos, crema para los masajes, todos insumos que se conseguían en el mercado local y nos permitían hacer nuestra labor. El kinesiólogo trabaja cuerpo a cuerpo, si tenés un aparato que ayude a aliviar el dolor, o a fortalecer el hueso, bienvenido. Pero uno trabaja igual sin la aparatología. Atendíamos de a dos pacientes cada media hora porque las hermanas nos habían dado una salita con una camilla y una colchoneta.

¿Y cómo fue la recepción de los pacientes en particular, y de los habitantes en general?

La gente es divina, súper respestuosa. Nos recibió muy bien y es muy agradecida. Lo que notás en los chicos, es que se acercan, te abrazan. Son muy afectuosos, pero a la vez porque ves que los papás no son muy afectivos con ellos. De bebés a los chicos los llevan en la espalda atados con unas telas, no ves a ningún papá o mamá haciendo demostraciones de afecto. Los hijos van atrás, ellas trabajan.

Tuviste la oportunidad de ver el trabajo de las Hermanas en África de primera mano, ¿Qué impresiones te llevaste?

El trabajo que las hermanas hacen es maravilloso, son re buscas. Están todo el tiempo viendo qué hacer para mejorar la calidad de vida de los demás, como rebuscársela para sostener lo que quieren hacer. Hacen de todo, desde sembrar cacao para vender los plantines y tener un peso más, hasta pequeños talleres que trabajan haciendo ropa para los sacerdotes, manteles. También tienen panales para vender miel, y hacer velas con la cera. En este momento están tratando de armar una ambulancia para que el hospital pueda salir adonde no llega. Todo tiene un costo, y están todo el tiempo viendo de qué manera generar. Todo lo que les llega vuelve a la gente, la vida de ellas es muy sencilla.

“El trabajo que las hermanas hacen es maravilloso: están todo el tiempo viendo qué hacer para mejorar la calidad de vida de los demás, como rebuscársela”

Hermanas Africa Voluntarios

¿Qué te llevás de esta experiencia de voluntariado?

Como ser humano a uno lo enriquece mucho más de lo que uno puede dar porque un kinesiólogo en un mes no puede hacer demasiado. Te enseña a ver el mundo y tu mundo de forma diferente. A veces te quejás de que aumenta la luz, no estás todo lo bien que quisieras, y te das cuenta que hay gente que tiene necesidades básicas insatisfechas, desde la falta de una ducha, un baño, 4 paredes, y atención médica. A uno no le falta nada. Te vas enriquecido en el sentido de que valoras mucho más todo lo que tenés. Y también valorás que pudiste estudiar, que es importante ser solidario, ya sea en África como acá, donde estés. En la medida en que lo sos, te das cuenta de lo importante que es ser más todavía. A veces uno lo deja rezagado, se pone un poco más egoísta y piensa más en su bienestar que en el de los demás. En la medida que hacés este tipo de tarea, te das cuenta lo importante que es dar. Uno se va con la sensación de no pudo ayudar todo lo que hubiera querido.

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