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Constaté el lenguaje universal de la ternura

Luego de 7 años de misión en África, la hna. M. Victoria Pérez tiene una vasta experiencia ad gentes. Pasó por Costa de Marfil y Togo, se encontró con una cultura diferente, y concluyó que las personas “tenemos más similitudes que diferencias"

Por Facundo Rodríguez Saura

La hermana M. Victoria Pérez ingresó hace 30 años a la Congregación de Don Orione. Ya de joven, en su Saénz Peña natal, en la provincia de Chaco, sintió el deseo de consagrarse a Dios, y le atraía la posibilidad de ser misionera. En el 2009 le tocó su primera misión ad gentes en la República de Togo, en África, un pequeño país en el occidente continental. Allí fue con un grupo de religiosas orionitas a abrir una comunidad de hermanas para colaborar en un centro para personas con discapacidad de los Hijos de la Divina Providencia.

¿Qué significa para usted ser una misionera? ¿Y cuál es la impronta de las misioneras de Don Orione?

El misionero es aquél que lleva algo, y lo primero que lleva es el compartir la fe con otros porque ésa es la misión, en la que hay una acción, un servicio.

Cuando pensaba en mí como Hermana de Don Orione, para mí la misión es llevar a Jesucristo en el terreno de la caridad. Personalmente me tocó eso. En este sentido, la particularidad de una Pequeña Hermana es el ejercicio de la caridad.

Los códigos culturales de África y los de Argentina seguramente son muy distintos. ¿Sintió un “choque cultural”?Misión Ad gentes áfrica don orione

No sentí un choque de cultura, pero si notaba la diferencia. Necesité un tiempo de adaptación, pero no es que haya sido un sufrimiento ese periodo. Lo que me provocaba sufrimiento era la falta de recursos, el ver la necesidad y no contar con los recursos básicos. En Bombuaka (Togo), no teníamos ni luz ni agua. Recién después de un año empezamos a tener electricidad y pudimos empezar a bombear agua.

Si no sintió un “choque”, ¿Cómo experimentó la diversidad cultural?

Cuando vos llegás a un lugar tan distinto, con el tiempo uno se da cuenta que en esta condición humana tenemos más parecidos que diferencias. Hay diversidad, una cultura, otras visiones, y ciertos elementos que cambian. El africano en general no tiene un espíritu de solidaridad para el otro, sí dentro de su familia, pero hacia afuera no tanto. Por lo que es muy difícil encontrar voluntarios. Hoy esto está cambiando un poco, con el proceso de globalización, la fluidez de la comunicación y las influencias hay una tendencia en los jóvenes a hacer un servicio. Pero no hay un “espíritu solidario”.

Sin embargo, en esto de ser humanos, tenemos más parecidos que diferencias. A mí me tocó trabajar siempre en el área de discapacidad y hay cosas que son iguales en las personas con discapacidad: la alegría, la sencillez, la simplicidad, la genialidad. Fundamentalmente cuando has hecho contacto con un mundo, una cultura diferente sentís que tu cabeza y el corazón tienen otra dimensión, hay otra mirada hasta de la vida. Es una mirada diferente al entorno.

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África Misión Ad Gente don orioneDespués de casi 3 años en Togo, la Hna. Victoria regresó a Argentina por unos meses y en el 2013 fue destinada nuevamente a África, esta vez, a Costa de Marfil, uno de los países más desarrollados de la región occidental del continente. La comunidad de hermanas se hallaba presente desde el 2005 en la ciudad de Abobo ya que se habían hecho cargo de un centro para personas con discapacidad, pero con el estallido de una guerra civil cuyos enfrentamientos fueron particularmente cruentos en esa localidad, las religiosas debieron partir junto a los residentes e instalarse en un espacio cedido por los sacerdotes de Don Orione en Bonua.

¿Qué visión tienen en África sobre la discapacidad?

La discapacidad en esa cultura es una maldición, y a la persona que la lleva se la tiene que eliminar para terminar con esa maldición. Cuando nace un niño con discapacidad, se dice que lo “acompañan”, un eufemismo para expresar que se lo abandona a su suerte. En este sentido, nuestro carisma es contracultural. Las posibilidades para alguien que nace con una discapacidad son mínimas. Hay una tendencia a cambiar esta mirada, pero la tradición es muy fuerte.

¿Qué descubrió en sus casi 7 años como misionera ad gentes?

Es formidable poder compartir con otros hermanos tan diferentes una misma fe en Jesucristo. Y aun así, en esas diferencias hay un lenguaje que es universal. Una de las cosas que me golpeó más, que me tocó más fuerte de los africanos fue la dureza en el trato, que se reflejaba hasta en la expresión de fe. En América Latina tenemos una fe más sensible, emotiva. Allá es más formal. Pero constaté que el mensaje o el lenguaje de la ternura sigue siendo universal en lo cotidiano. Cuando trataba a los chicos veía como eran tratados por su mamá o hermanas africanos, y yo no podía tratarlo de otra manera a como soy. Esto del lenguaje universal de la ternura, de la sensibilidad que se traduce en una caricia, en un beso, en un abrazo, en un contacto. No estáMisión África Ad gentes Don Orionen habituados a ese trato, pero curiosamente no lo rechazan, más bien lo acogen y hasta lo demandan después. Eso me parece una de las experiencias más ricas y sorprendentes. Uno está habituado a cierto estilo y no se da cuenta de ese valor.

Después de tanto misionar en África, ahora vuelve a Argentina para servir en el Cottolengo de Claypole ¿Qué balance hace de su experiencia ad gentes?

Fue una experiencia muy rica y fui muy feliz en el tiempo de servicio. Fueron años plenos de trabajo, de vida, y ahora que vuelvo a Argentina tengo que hacer una readaptación. Al tener una forma de vida más simple, uno aprende a relativizar cosas que por ahí antes le parecían importantes y que no lo eran, porque se puede vivir igual, no necesitás tantas cosas.  Ahora que vuelvo va a ser diferente. Extraño África, y mucho.

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