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Cómo se viven las actividades y vacaciones en Cottolengos

En las hogares para personas con discapacidad se busca que el ritmo de vida sea similar al de la sociedad general. Vacaciones y trabajo, metas y ocio, la experiencia cotidiana es enriquecedora para los residentes.

Por Facundo Rodríguez Saura

Es el primer día de clase del taller de expresión artística del centro de día del Cottolengo de Avellaneda. Cyntia Argüello, la orientadora a cargo, dispone las sillas del salón en círculo. Comienzan a llegar algunas mujeres, algunas a horario, otras, más remolonas, unos minutos más tarde. Finalmente, se arma un grupo de alrededor de 10 residentes del Cottolengo. Cyntia le da play a la música, y empieza a sonar Stand by me. Cyntia abre los brazos, y es imitada por las residentes. Los movimientos son lentos, se paran, se estiran hacia un brazo y hacia el otro. Mueven hacia adelante el, pie, y hacia atrás. La música cambia, e inicia una coreografía más compleja. La clase finaliza con un aplauso.

Como le pasa a cualquier niño que vuelve al colegio después de las vacaciones o a un adulto que se tiene que reincorporar al trabajo después de veranear, en los Cottolengos los residentes volvieron al ciclo regular de actividades que se realizan en los centros de día. El trabajo comienza de manera progresiva, de forma de recuperar con el tiempo lo realizando en años anteriores sin sentir en exceso la presión. “Comenzamos con relajación, para que puedan trabajar la memoria del cuerpo, lo que fuimos haciendo y que vayan recordando a través de pequeños movimientos, más lentos. La idea es desde la relajación poder llegar a estilos rápidos que ya trabajamos”, ejemplificó Cyntia.

Taller de ExpresiónEn los Cottolengos se realizan distintos talleres y actividades. De acuerdo a la estructura y capacidad de los centros de día de cada hogar, se suelen realizar clases de cerámica, música, computación, radio, expresión libre, bijouterie, educación física y tejido, entre otras. En este sentido, Diego Zotta, coordinador del centro de día del Cottolengo de Avellaneda, aclaró que cada disciplina “define sus objetivos en función de las actividades que realizan”. Pero también es el Ministerio de Salud el que marca el derrotero y define que tiene que haber acciones de rehabilitación, de producción y socialización interna y externa.

Todas estas actividades se realizan para lograr “el mantenimiento de la funcionalidad y el desarrollo dentro de las posibilidades de la persona”. “Se trabajan aptitudes sociales, físicas, humanas, e intelectuales”, repasó Zotta.

En el caso concreto de los talleres de expresión artística a cargo de Cyntia, las actividades estimulan a los residentes en varios sentidos. “El baile es muy recreativo y ayuda un montón al contacto con los demás, porque no solo respetás tu espacio sino el del otro”, explicó.  A la vez, la danza es una forma de exteriorización que favorece la comunicación, permite expresarse con el cuerpo y facilita a las residentes habituarse a marcar un ritmo. “Hay chicas que son muy aceleradas en las comunicaciones, y aunque no parezca, al trabajar distintos ritmos musicales pueden controlar mejor el ritmo del habla”, remarcó la orientadora del Cottolengo de Avellaneda.  

El retorno a las actividades cotidianas tiene una impronta casi escolar en el Cottolengo de San Miguel.

Inicio Actividades del Centro de Día del Cottolengo de San Miguel

“Empezamos con un acto de reapertura del centro de día donde cada profesor presenta un esquema de lo que va a hacer durante el año, con música y carteles”, detalló Stella Maris Sassi, directora técnica de la institución. En este sentido, la profesional contó que “cada Cottolengo tiene su propia identidad”, y que en el caso de San Miguel, se iza y arria la bandera argentina cada día. La dinámica que se establece en el centro de día implica acatar horarios de las actividades, no tomar mate dentro de las clases, y respetar el tiempo de recreo, y se busca así que las mujeres del Cottolengo puedan diferenciar entre los momentos de descanso y los de trabajo intenso.

Por su parte, algo que ocurre en ambos Cottolengos y que es extensivo a la mayoría de ellos, es que los talleres son agrupados de acuerdo a la capacidad y grado de participación de los residentes. Los conjuntos son divididos prestando atención al grado de autonomía que tengan las personas, de forma de poder dar una clase en la que todos puedan seguir un ritmo similar. La pertenencia a un grupo puede modificarse si la persona se adapta bien o no al tiempo de producción general, o si su relación con sus compañeros no es buena.

El verano, un momento de relax

Cottolengo de San Miguel vacaciones

Durante el año se mantienen las actividades, se alcanzan objetivos, se forjan amistades, se aprenden nuevas cosas y se superan obstáculos. A fin de año, los Cottolengos suelen realizar una muestra a nivel local o institucional, donde se expone todo el trabajo hecho a lo largo del ciclo. En San Miguel, el fin de las actividades regulares y el inicio de la “colonia de vacaciones” es marcado con una fiesta en la que se entregan boletines y medallas para los residentes.   

“En el verano hacemos una actividad más programada pero más desestructurada, con mate de por medio para que las chicas entiendan la diferencia entre vacaciones y talleres con actividad del calendario ‘escolar’”, remarcó Sassi.  

En la misma línea, Diego Zotta aportó que “se trata de normalizar” los tiempos de las personas con discapacidad que viven en los Cottolengos, de modo que se lleve un ritmo semejante al de la sociedad. “Se busca que las residentes también tengan esos derechos. Que no difiera de la vida cotidiana general, donde hay espacios de estudio y trabajo, y tiempos de recreación”, precisó.

Vacaciones Cottolengo de Avellaneda

En el caso de San Miguel, en verano se ambienta toda la institución en función de esa estación. Además, se realizan desfiles, kermesse con juegos recreativos, juegos con agua y pileta para aplacar el calor, jornada de licuados, concursos de baile, cine debate, bingos, musicales, mateadas en plazas y teatralización de cuentos clásicos, entre otras cosas. Un grupo de residentes también fue a vacacionar a Quequén, una experiencia increíble para las chicas que no conocían el mar.

Por su parte, en el Cottolengo de Avellaneda el centro de las actividades de la colonia de vacaciones es la pileta y se busca sobre todo cambiar el espacio físico donde interactúan las residentes. Se hacen más actividades de recreación, juegos, zumba, y se ven películas en el cine municipal de Wilde. Concluida la colonia, se hace un evento de cierre, en el que se integran todos los trabajos hechos en el verano. Este año, se realizó el 2 de marzo, y consistió en un baile de máscaras protagonizado por 4 grupos, cada uno con estilos de caretas y danzas distintas.  

Colonia Cottolengo de Avellaneda

Así, el ciclo vuelve a empezar. Inevitablemente las vacaciones y la pileta llegan a su fin, y las actividades más formales y a largo plazo del centro de día regresan. Con ello, el aprendizaje, el desafío y la posibilidad de seguir creciendo en un ambiente inclusivo y enriquecedor.

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